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Las emociones estaban a flor de piel.
De repente era Violeta la que aparecía al fondo de la campera de Santa Marina. Mas que corriendo parecía que venia flotando. Sus pies apenabas tocaban el suelo.
Solo habían pasado 35 minutos desde que coronara el paso de los Castros Negros y ya estaba allí, en Santa Marina. Un extraordinario descenso entre piedras, escobas, y campo a través a una velocidad media de 11,6 Km/h hacía detenerse el reloj después de 2 horas 5 minutos y 27 segundos.
Boquiabiertos, asombrados y emocionados. La llegada de Violeta fue como un pequeño tornado que se desencadeno justo debajo de la línea de meta.
Las 70 personas que allí esperaban querían felicitar a Violeta. Todos querían una foto con la campeona, pero no sabían que las emociones no habían hecho mas que empezar.

Con Violeta recuperando el aliento, solo habían pasado 20 minutos desde su llegada, se empezaron a oír los primeros gritos, “Ya llega Quique!!”. Una silueta se acercaba corriendo a lo lejos.
Pero como era de esperar, los problemas de Quique se habían agudizado en la bajada. A su paso por la Peña del Cabañal, la encrucijada de las rutas de Tudes y Barago, su pierna había dicho basta y veía impotente como Carlos descendía delante de él hacia Santa Marina.
Nadie se lo podía creer. La gente se frotaba los ojos. 2 horas 25 minutos y 52 segundos después de su salida en Tudes y con 22,5 Km en las piernas, Carlos congelaba el crono en Santa Marina.
Todavía tenia fuerzas para saltar por encima de las últimas piedras antes de franquear el río. Portentoso. La marca establecida el año pasado por el Padre Muela, que todos calificamos de estratosferica, de un hombre venido de otro planeta, de imbatible, fue en manos de Carlos como el juguete de un niño.
La trituró, la desmenuzó y la rebajó en nada menos que 50 minutos.

Para entonces Quique miraba por el retrovisor y cada vez veía mas cerca a un Julián imponente. Ya casi arrastraba su pierna, pero su orgullo le obligo a hacer el último esfuerzo sobreponiéndose al dolor.
Si señores, los campeones lo son por algo. A pesar de estar mermado físicamente batió su tiempo de año pasado y estableció su record personal en 2 horas 39 minutos y 47 segundos. Demostró porque era el campeón.
Sobran comentarios para la imagen de un Quique tumbado en el suelo nada mas cruzar la línea de meta.

Julián, cada vez se encontraba mas cómodo. Le pisaba los talones a Quique y daba la sensación de poder volver hasta Tudes sin despeinarse. Su ritmo era cada vez mas fuerte. Se unió a la fiesta parando el cronometro en 2 horas 41 minutos y 7 segundos.
Este tiempo, el año pasado, le hubiera convertido en campeón absoluto de la prueba. Para quitarse el sombrero.

El espíritu de La Ruta del Estraperlo salio victorioso. Cuatro participantes, cuatro vencedores. Violeta con su victoria absoluta, Quique mejorando su tiempo del año pasado, y que decir de Carlos y Julián, estableciendo un nuevo record absoluto en la Ruta de Tudes.
Solo espero que Florentino no se fije en ninguno de ellos.

La liebre que no calculo la frenada. Como anécdota, desde Barago, en una especie de contraprogramación al campeón, salio a la misma hora un “atleta”. Su tiempo en Santa Marina fue magnifico, excepcional. Consiguió recuperar una hora a Quique. Lastima que le queden todavía 2.183 horas por recuperar.
Hablando de cosas mas interesantes, en plena crisis de este mundo globalizado, Violeta se ha convertido en una de las inversiones mas rentables y seguras del momento. Los que depositaron 10€ de confianza en ella, reciben ahora nada mas y nada menos que 17€ por su victoria.
Próximamente, la gala de entrega de premios, el concurso de baile, el de tortillas (en este si que hubo polémica de verdad), etc